En medio de la prisa del día a día, es común en los alimentarmos, aunque no queramos, de manera de causar daños a la salud: no seleccionamos bien lo que vamos a ingerir, comemos con prisa, en la cantidad apropiada y de forma turbulenta. Los daños que comprometen nuestro bienestar, el hecho es que está ahí la propia medicina, constantemente, anunciando los males causados por una alimentación irresponsable.

Los malos hábitos alimenticios aumentan el riesgo de enfermedades, como la obesidad, la diabetes, presión alta, enfermedades cardíacas y cáncer, pero existen estrategias que pueden ayudar a prevenir estos cambios.

Tener una alimentación sana y equilibrada ayuda a controlar el peso y mejorar el metabolismo del organismo, reduciendo la producción de grasa y de radicales libres, que son las principales sustancias causantes de enfermedades y del envejecimiento prematuro.

Errores alimentarios más comunes

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1 – Comer muy rápido

Muchas veces nos preocupamos en consumir alimentos más saludables y nos olvidamos de un elemento importantísimo: la masticación.

La trituración de los alimentos realizada por los dientes hace que el alimento llegue en trozos más pequeños en el estómago, facilitando la digestión. Además, algunos nutrientes ya comienzan a ser absorbidos en la boca a través de las enzimas presentes en la saliva, por lo que es importante masticar bien para que se produzca la absorción y pre digestión necesarias. Otro factor relacionado con la masticación es la sensación de saciedad, o sea, usted se sentirá satisfecho con una menor cantidad de comida.

Para ello, es necesario hacer algunos cambios en el momento de la comida: siéntate a la mesa, coloque poca comida en la boca, descansar los cubiertos y mastique bien, disfrutando del sabor del alimento. Evite comer en frente de la TELEVISIÓN, porque así usted estará distraído y ni se dará cuenta de qué y cuánto está comiendo.

2 – Exagerar en los industrializados

En la prisa del día a día, muchos de los alimentos listos acaban siendo la “salvación”. Sin embargo, si se consumen diariamente ellos pueden hacer mucho daño a la salud debido a la gran cantidad de azúcar, grasas malas, sodio y productos químicos.

Tocino y carnes embutidas, como chorizo y salchichas, platos preparados como lasaña y pizza, galletas, snacks, helados y chocolate son las peores opciones, ya que además de poseer más grasa y sal, también son ricos en conservantes, colorantes y potenciadores de sabor, aditivos que son tóxicos para el organismo y pueden irritar el intestino. Además, son altamente calóricos, contribuyendo para el aumento de peso que provoca diversas enfermedades como la diabetes, el colesterol alto, la hipertensión, las enfermedades cardíacas y muchas otras.

Algunas sugerencias de mejoras son:

  • Prefiere pollo, carne y pescado en lugar de los integrados;
  • Disminuir el consumo de galletas, panes y bocadillos en los aperitivos, reemplazar por frutas, avena, pan integral, yogur natural, oleaginosas;
  • Evitar al máximo los alimentos preparados congelados, dando preferencia a los frescos siempre que sea posible;
  • Cambiar condimentos preparados por la cebolla, el ajo, el perejil, el cebollino, orégano, azafrán, pimienta.

3 – Tomar refresco

Los refrescos son bebidas ricas en fructosa, un tipo de azúcar que aumenta el riesgo de resistencia a la insulina y la diabetes. Ellos también son ricos en ácidos, que desmineralizam el esmalte de los dientes, favoreciendo la aparición de caries, y en gases que causan dolores abdominales, gases intestinales y gastritis.

Cambió el refrigerante por el jugo de cajita? Sepa que no es un buen cambio, ya que también contiene una gran cantidad de azúcares y otros productos químicos. Jugos en polvo, té, yerba mate y bebidas lácteas (chocolate en polvo y yogur) tampoco son buenas opciones.

Además de todo, el gaseosas contienen sodio y cafeína, lo que provoca cambios en la presión arterial y la retención de líquidos. Por eso, prefiere bebidas naturales, como jugos y tés sin azúcar, agua y agua de coco.

4 – No beber agua

Como hablado encima, los refrescos son muy consumidos por la mayoría de las personas. Con esto, el agua se pone de lado, ya que los refris y jugos son más sabrosos.

El agua mantiene el cuerpo hidratado y participa de todo el funcionamiento del organismo, elimina las toxinas a través de la orina y el sudor, regula la temperatura corporal, estimula el tránsito intestinal, entre otras funciones vitales. Un adulto de 70 kg necesita ingerir al menos 2 litros de agua por día.

Entonces, asegúrate de tomar agua entre las comidas y siempre lleve una botella a mano para ir tomando a lo largo del día.

5 – Consumir pocas fibras

Las fibras están presentes, principalmente, en las frutas, verduras, semillas y alimentos integrales, pero estos alimentos han sido canjeados por productos industrializados, ricos en carbohidratos, sal y grasas, como bocadillos de paquete y galletas rellenas.

Una dieta pobre en fibra aumenta la sensación de hambre, favorece el estreñimiento y aumenta el riesgo de enfermedades, como el cáncer de colon. Además, ¿quién consume pocas fibras también tiene una alimentación pobre en vitaminas y minerales esenciales para la prevención de enfermedades como el cáncer y el envejecimiento prematuro.

Comer frutas y verduras todos los días, poner la ensalada en las comidas principales y preferir alimentos integrales, como el pan y el arroz, son buenas soluciones para este problema.

Errores alimentarios más comunes en las personas mayores

Los errores alimentarios cometidos por personas de edad avanzada perjudican aún más la salud, ya que en esa etapa de la vida, el sistema inmunológico está debilitado y es más propenso a tener enfermedades y complicaciones, como infecciones y deshidratación. En general, los principales errores alimentarios cometidos en esa etapa de la vida son:

  • Beber poca agua: los ancianos no tienen el control del agua corporal y no sienten la sensación de sed, por lo que es común la deshidratación en las personas mayores, lo que puede causar la piel y los labios secos, mareos y desmayos;
  • Saltarse las comidas: por cansancio o falta de habilidad, es común que los ancianos no hacer bocadillos y no alimentarse bien, lo que conduce a la pérdida de peso, debilidad muscular y mayor riesgo de adquisición de enfermedades infecciosas, como la gripe y la neumonía;
  • Añadir sal a las comidas: los ancianos se sienten menos el sabor de los alimentos, por tanto, tienden a poner más sal en la comida, para compensar la falta del sentido del gusto, lo que favorece el aumento de la presión arterial.

Así, las personas mayores siempre deben tener agua o alimentos líquidos al alcance de la mano, para que puedan hidratarse con pequeños sorbos a lo largo del día, además de que deben hacer las comidas y los bocadillos incluso cuando no tienen hambre.

Ellos también necesitan tener hierbas aromáticas a tu disposición, para utilizar como condimentos de cocina, en sustitución de la sal. Siempre que sea posible, un adulto debe supervisar su alimentación, para asegurarse de que el anciano tenga una adecuada nutrición.

Cambiar los hábitos, sobre todo los malos, requiere paciencia y persistencia. Por eso es importante hacer pequeños cambios poco a poco, sin radicalismos, para que sean duraderas. Una alimentación saludable debe ser llevada por toda la vida.

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